Scott Adams publicó en su blog una entrada titulada «Superadlo, blandengues» (Get over it, pussies) que luego borró. La traduzco a continuación, con mucho cariño, especialmente para Sue:
ACTUALIZACIÓN (9 de marzo): Steven Walling compara en el blog de la Fundación la celebración del Día Internacional de la Mujer en la Wikipedia inglesa con la del pescado de abril. Mmmmm...
ACTUALIZACIÓN (más tarde): Dice la abogada de Assange: «No se consigue justicia para las mujeres negándosela a los hombres». Curioso.
El asunto que mis lectores más desean que aborde es algo llamado derechos de los hombres. Este es un tema sorprendentemente bueno. Es peligroso. Es relevante. No está manido. Y aparentemente os importa.
Empecemos con la lista de la compra.
Según mis lectores, los ejemplos de trato injusto hacia los hombres incluyen muchos elementos del sistema legal, la llamada a filas en algunos casos, la menor esperanza de vida masculina, su mayor tasa de suicidios, la circuncisión y el creciente número de organizaciones gubernamentales dirigidas primordialmente a las mujeres.
A esto podría añadirse todo el asunto de los modales. Damos por hecho que los hombres deben sujetar las puertas a las mujeres, y que se les debe servir antes en los restaurantes. ¿Sois capaces de imaginar la situación inversa?
Hablando en general, la sociedad desalienta el comportamiento masculino pero celebra el femenino, a excepción de los deportes, el humor y la guerra, donde se permite a los hombres hacer lo que quieran.
Añadamos a nuestra lista de desigualdades el hecho de que las mujeres han superado a los hombres en la asistencia a la universidad. Si la situación fuera la contraria se consideraría una emergencia nacional.
¿Qué me decís de los seguros automovilísticos más caros que los hombres jóvenes pagan respecto a las mujeres jóvenes? Las estadísticas apoyan esta desigualdad, pero no creo que nadie pensase que la situación sería legal si las mujeres pagaran más por un seguro de automóvil, con independencia lo que dijesen las estadísticas.
Las mujeres replicarán con su propia lista de injusticias, empezado por el famoso dato de que solo ganan 80 céntimos de media por cada euro de los hombres en el mismo trabajo. Mis lectores argumentarán que si dos grupos de personas se comportan de forma diferente, en general un grupo probablemente obtendrá mejores resultados. De promedio, los hombres negocian sus sueldos y afrontan el riesgo de forma diferente a las mujeres.
Las mujeres señalarán que pocas de ellas tienen puestos directivos. Los hombres argumentarán que si se pregunta a un grupo típico de hombres y mujeres jóvenes si están dispuestos a asumir los sacrificios personales necesarios para alcanzar algún día tal poder, los hombres dirán con mayor probabilidad que sí. En mi encuesta personal y acientífica, los hombres están unas diez veces más dispuestos a perder tiempo familiar a cambio de un mayor éxito profesional.
Ahora me gustaría hablar directamente a mis lectores masculinos que se sienten injustamente tratados por la generalizada abolición de los derechos de los hombres:
Superadlo, hatajo de blandengues.
La realidad es que las mujeres son tratadas de forma diferente por la sociedad exactamente por la misma razón que se trata de forma diferente a los niños y a los disminuidos psíquicos: así es más fácil para todos. No discutes con un niño de cuatro años sobre por qué no debe comer golosinas para cenar. No golpeas a un disminuido psíquico ni siquiera cuando él te golpea primero. Y no discutes cuando una mujer te dice que ella solo gana 80 céntimos por cada euro tuyo. Es el camino más fácil. Reservas tu energía para batallas más importantes.
¿Cuántas veces suprimimos los hombres nuestros naturales instintos de sexo y violencia solo para obtener algo mejor a largo plazo? Eso se llama estrategia. A veces sacrificas un peón para capturar una reina. Si sigues llorando por tu peón cuando te estás llevando al huerto a la reina, te pasa algo y no son los derechos de los hombres.
La justicia es una ilusión. Es inalcanzable en el mundo real. Soy feliz de poder abrir tarros solo con mis manos. Me gusta ser capaz de levantar objetos pesados. Y no me importa que se sirva antes a las mujeres en los restaurantes porque no me gusta mirar comida que no puedo comer aún.
Si te sientes injustamente tratado porque las mujeres sobrevivan a los hombres, prueba a darte un paseo por una residencia asistida: hace que la muerte parezca una ganga.
No me gusta que el sistema legal trate a los hombres más duramente que a las mujeres, pero parte del carácter masculino es el sentimiento automático de equipo: si alguien del equipo la fastidió, todos recibiremos el castigo. No te hagas ilusiones sobre que los hombres no merecen un trato algo duro del sistema legal. En el lado positivo, si algún día estoy atrapado en un coche en llamas, será un hombre quien me saque. Ese es el equipo en el que quiero estar.
Me doy cuenta de que quizá despierte cierta polémica por meter a mujeres, niños y discapacitados psíquicos en el mismo grupo, así que quiero dejarlo perfectamente claro: no estoy diciendo que las mujeres sean iguales a ninguno de los otros grupos. Estoy diciendo que la mejor estrategia de un hombre para tratar con ellos es perturbadoramente parecida. Si es listo, tomará el camino más fácil la mayoría de las veces, lo que implica considerar las realidades emocionales de los demás. Un hombre solo se atrinchera para una buena pelea sobre los pocos asuntos que le importan, y en los que tiene alguna oportunidad de éxito. Esta es una estrategia para la que los hombres estamos especialmente dotados, ya que de media no nos importa el 90% de lo que pasa a nuestro alrededor.
Acabo de hacer la pequeña prueba de ver si sabía qué pantalón de pijama tenía puesto sin mirar. Fallé.
ACTUALIZACIÓN (9 de marzo): Steven Walling compara en el blog de la Fundación la celebración del Día Internacional de la Mujer en la Wikipedia inglesa con la del pescado de abril. Mmmmm...
ACTUALIZACIÓN (más tarde): Dice la abogada de Assange: «No se consigue justicia para las mujeres negándosela a los hombres». Curioso.
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